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Ciudad Obregón, Sonora
23 de Abril de 2018
Opinion
Columnista
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Ensayo tricolor
Gustavo Zamora | 21 de Febrero de 2018

Ahora resulta que la compra de votos, el acarreo, la coacción, intimidación y exclusión a sus adversarios sorprendió a algunos en la elección del PRI, pero si visto desde afuera es lo que los caracteriza, es más, la sorpresa hubiera sido que el proceso no estuviera plagado de irregularidades que en el tricolor son de lo más natural.

Conversaba con cercanos a la planilla que obtuvo menos votos en las urnas y se decían muy sorprendidos, se ofenden luego cuando se les señala que esa es la esencia del PRI, es el sello que los distingue, todo México sabe que esas prácticas no solo han salido candidatos, sino alcaldes, gobernadores y hasta presidentes de la República.

En el sistema de gobierno que tenemos, muchas dependencias se encargan sistemáticamente de garantizar la disponibilidad de pobres e ignorantes para participar en este tipo de ejercicios, se les mantiene cautivos por generaciones en cierto tipo de granjas productoras de votos ubicadas por lo regular en las colonias populares, con el tiempo van muriendo muchos pero por fortuna para el sistema nuevas generaciones ya son aleccionadas desde temprana edad, vimos ayer a una gran cantidad de niños que entre la tierra y la transa ya recibían sus primeras lecciones de priismo.

Me consta que hubo personas que fueron por su voluntad y ejercieron el derecho que les otorga su partido y votaron libremente, pero fueron los pocos, en su mayoría los motivó el deseo de obtener algún tipo de retribución.

Un día están de un lado, al siguiente quizá jueguen en el otro lado de la cancha, pero siempre están disponibles para la movilización. Coincido y al mismo tiempo estoy en desacuerdo con Emeterio Ochoa y Abel Murrieta, el primero señaló que hay personas que buscan manchar el proceso, Murrieta dijo que nadie salió ganador, la jornada de gritos y golpes les redituó en menos de tres mil votos. Vaya papelón que hizo el PRI. Mi desacuerdo con ambos aspirantes es en el sentido de la pérdida del prestigio de su partido, si esa es su preocupación les informo que ese se perdió hace mucho.

Tampoco es que los demás partidos sean el vivo ejemplo de la civilidad, el PAN en Cajeme era hasta hace meses patrimonio familiar, Movimiento Ciudadano disputó en los medios las tres posiciones de regidores, PRD, los advenedizos que llegaron por decenas a Morena, ya sean dirigentes o militantes, en su gran mayoría los mueve el deseo de sacar raja.

Es innegable el voto duro que tiene el PRI en el municipio de Cajeme, platicando con los “ayatolas” del tricolor señalan que con este bastaría para ganar la elección del 1 de julio, en el ensayo que tuvieron en su proceso interno la maquinaria de votos oficial trabajó y superó en proporción de 4 a 1 al adversario, las condiciones que se enfrentarán a mitad de año son sumamente adversas por múltiples factores, no se avecinan buenos tiempos para el tricolor.

Ni tan positivo

Manuel Barro, Rogelio Díaz Brown y Faustino Félix Chávez fueron y han sido excelentes anfitriones de la llamada convención de motociclistas, presume este último que se trata de un perfil de visitantes que hay que cuidar como una joya pues son de amplio poder adquisitivo y que dejan una derrama económica importante. 

Su versión contrasta con la de prestadores de servicios quienes aseguran que su presencia en la ciudad tiene más pros que contras, las cantidades millonarias que se manejan no tienen sustento, aseguran. El Ayuntamiento de Cajeme no cobra contraprestaciones por la venta de alcohol y cubre, según integrantes del Club Flamas, el pago de algunos grupos musicales, como si estuvieran las finanzas municipales para eso. 

Ya que andamos en asuntos que tienen que ver con el showbiz y el reflector, de nada sirve que en Cajeme se haya prohibido desde hace años la ejecución pública de narcocorridos si la fiesta popular más grande se utiliza como su escenario principal. Vaya doble moral, por un lado, se pagan cantidades millonarias en programas dizque para reparar el tejido social mediante la prevención y por otro desde oficinas públicas se fomenta la cultura de la bala para ajustar cuentas y la incursión al mundo del comercio de la droga para tener un mejor nivel de vida. Tantita congruencia.